Ayer recibí dos noticias. Una era mala y la otra sorprendente, y aunque las implicadas no tengan nada que ver entre ellas, para mí ambos anuncios de alguna forma se equilibraron:
Por la mañana supe que Silvana, la mujer que creó el Proyecto Esperanza en Albania después de jubilarse de una vida de servicio en su Italia natal, había fallecido. Lo que consiguió en un país en que no había nada para los discapacitados más que rechazo y un psiquiátrico estatal es un milagro. Sinceramente espero que se fuera orgullosa de lo realizado y no preocupada por el futuro del proyecto, que ahora se torna incierto y peligroso. Especialmente si tenemos en cuenta que lo que está en juego es el mantenimiento de una red que permite que muchos puedan vivir en paz. Sentí pena, y sobre todo rememoré aquel campamento en que conviví el verano de 2010. Recordé cómo los niños antes de ir a dormir salían voluntariamente a ofrecer su oración y todos mencionaban a Silvana y se aturullaban al darle las gracias pero eran los agradecimientos más sinceros, como un hijo que admira a su madre. Y ella, con su pelo blanco y sobre una silla de plástico hacía un gesto con la mano como quitándose importancia y les tocaba la cara con cariño. La vi dando voces, práctica, sin tonterías, porque había mucho que hacer por esos 'niños'. Me vino a la cabeza cómo nos confundía a las voluntarias españolas porque le parecíamos iguales pero conocía la historia de cada acampado a la perfección. Era el alma del proyecto, el ejemplo de cómo entregar toda la vida a los demás. La cantidad de personas que se irán cada día así, en silencio, y no nos enteramos...
Por la noche, ya metida en la cama recibí una llamada. Me contaba sobre su amiga: la persona más libre, madura e independiente del mundo. Ya se sabe que los amigos de los amigos muchas veces se hacen propios y yo a esta chica la tengo mucho cariño. Ella voló a su Chile natal para un año sabático y nunca regresó y ahora va a tener un bebé. Tal cual. Es más joven que yo y va a ser la Mamá de alguien. Aún estoy alucinada pero cuando reaccioné un poco de la sorpresa inicial me pareció bonito haberlo sabido el mismo día que Silvana por fin descansaba. Una vida que llega a su fin tras infundir esperanza a los más desfavorecidos y otra que está formándose en el interior de una chica llena de ilusión. A fin de cuentas la Vida sigue...
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