domingo, 26 de junio de 2011

Lo normal, lo típico vamos...

De un tiempo a esta parte tengo una teoría que no sé si seré capaz de concretar, pero que en mi cabeza tiene todo el sentido del mundo: Creo que la vida es un continuo proceso de normalizar cosas. Ya lo he dicho, ahora intentaré explicarme:

A medida que pasa el tiempo, nos pasan cosas por primera vez, cosas nuevas, sorprendentes, emocionantes en mayor o menor medida, pero que sentimos como especiales porque son las primeras. Después las vamos repitiendo y nos vamos acostumbrando, de modo que no pierden su valor pero sí su sensación de novedad. Y no digo que esto sea malo, al contrario, creo que lo normal es muchas veces un milagro.

El problema está en que hay cosas que nos han enseñado que son normales antes de tener criterio para asimilarlas. Me imagino que viene un habitante de otro mundo y le contamos las cosas que te pueden pasar aquí en la Tierra y que damos por corrientes. Y recibir esa información sería como cuando te tiran a una piscina sin que te lo esperes. Le contaríamos que aquí:

Puedes Enamorarte con mayúsculas, que aunque sea lo más vulgar del mundo todos creen que nadie ha pasado por lo mismo antes.

En un momento dado las parejas deciden tener un hijo, que será una mezcla de los dos.

Ñami


Que se vende en cajitas un veneno en el que la gente se gasta el dinero y consume como si nada.

Súper cool...


A veces se comparten momentos inolvidables con personas que después quizá no vuelvas a ver.

Mientras una mínima parte del mundo vive como quiere, la inmensa mayoría hacen lo que pueden por sobrevivir y aquí dormimos todos fenomenal.

Una sola canción te puede hacer llorar, saltar, recordar, dormir o incluso reír en tan solo unos minutos.



Verá a gente tirada en las calles, malviviendo, y los viandantes les ignorarán constantemente.



Hay personas que consagran su vida a una fe basada en dioses que jamás han visto.

Nunca se podrá encontrar a la mejor madre del mundo por falta de consenso.

Hay artistas cuyo legado es tan valioso que sigue siendo admirado siglos después de que sus obras fueran creadas.

Yo no sé si el visitante extraterrestre se atrevería a quedarse pero seguro que se quedaría con la boca abierta después de saber que todo esto pasa aquí y a todos nos parece tan normal...

martes, 14 de junio de 2011

Beauty is not a crime

Cuando se habla de la búsqueda de la belleza puedes ser tomado por un frívolo, un pedante, un cursi. O al menos esa es la impresión que me ha dado en numerosas ocasiones. Sin embargo, creo que buscar la belleza en lo normal, lo que te rodea, incluso en lo que la gente ve feo y querer que tu profesión esté relacionada con esta búsqueda no es frivolidad. Es sensibilidad por lo que nos rodea. Así que no, como decía un anuncio de cosméticos naturales, "beauty is not a crime".

































And of course...




sábado, 4 de junio de 2011

PI2009

Hacía calor. No el calor al que estoy acostumbrada, era más húmedo y más pesado, te caía sobre el cuerpo sin que lo notaras porque el sol se ocultaba tras las nubes como la mayoría de mis días allí. Me había tocado conocer al sol indio tímido, discreto, que calentaba sin querer alardear.

No sabía dónde estaba, ni remotamente. ¿Cómo lo voy a saber yo que siempre he sido un desastre con la geografía? En alguna aldea remota, insignificante, en una región muy amplia del Estado de Karnataka. Era “el día de las aldeas”, en el que por grupos de tres un niño, mal llamado intocable por su condición de descastado, nos llevaba a su casa a pasar el día. El bus nos iba soltando y aquel pequeño era nuestra única seguridad.

Comimos su comida, hablamos con sus gentes, jugamos con los niños y después nos llevó a un templo que estaba a un ratito andando. Y fue en ese trayecto, bajo el calor sobre el camino de tierra cuando pensé que quizá eso era la Vida más auténtica que había vivido hasta el momento. No sabía dónde estaba, no tenía un teléfono con acceso a internet, no sabía qué era lo que había comido. Mi guía era un niño de unos 12 años. Si algo pasaba, nadie llegaría rápidamente a por nosotros. Pero era absurdo pensar en eso porque, ¿qué iba a pasar?



Hoy me ha venido este recuerdo a la cabeza y lo mantengo tan vívido como cuando sucedió, al igual que todos los de aquel tiempo lejos de casa. Creo que necesitamos muchas cosas mal necesitadas como la certeza absoluta sobre todas las cosas. Quizá lo único que importe sea como dijo el obispo Pedro Casáldiga, que al final de tu vida puedas enseñar un corazón lleno de nombres.