miércoles, 27 de julio de 2011

Locuras de nuestro tiempo

De la inmensa cantidad de incoherencias y paradojas del mundo en que vivimos una de las que más me impresionan es la droga. Afortunadamente mi experiencia en el terreno es nula y tampoco he tenido nunca contacto cercano con gente afectada por ella. Ya sé que no se debe juzgar a nadie y evidentemente cada uno está afectado por sus circunstancias. Hay situaciones de drogadicción como niñitos enganchados al pegamento que directamente no se pueden juzgar porque la culpa de que estén así es difusa pero desde luego no es de ellos. Es el concepto de 'droga recreativa' lo que me chirria una barbaridad. Lo que me enerva son los jóvenes -que ya no son adolescentes y se les presupone un cierto raciocinio-, de clase media o media-alta -que conocen perfectamente los riesgos y efectos de las drogas- que se meten.

Yo no sé, en realidad es un poco arriesgado escribir sobre un tema sin mucho conocimiento de causa, cómo las drogas pasaron a ser algo cool. Entiendo que un músico o una modelo puedan ser referentes vitales pero incluso a los fans se les reconoce cierto sentido común, digo yo. Como decía, es el uso de drogas como la cocaína o anfetaminas variadas por gente joven en sus noches de fiesta lo que me crea un rechazo impresionante. Es que no es guay ni moderno ni cool, es de ser inútiles. Tengo entendido que la resaca de cocaína es lo peor que hay y que, efectivamente, una vez que la pruebas repites otra noche.

Yo no asocio las drogas a las fiestas glamurosas, a la gente guapa, a todo lo que mola. No. Yo asocio las drogas a los yonquis, a la gente que se cree que puede con todo y no hay límites, a familias destrozadas (ojito cortometraje, crudo donde los haya), a personas que van de listas y para nada, a la ansiedad y no reconocer los propios problemas. El otro día se subieron conmigo en el bus dos esqueletos andantes. Ella nerviosa, de movimientos apresurados, que hablaba alto y no sabía expresarse bien. Él con la mirada más triste que he visto en mucho tiempo, lleno de arrugas, lento, que escuchaba con desgana lo que le contaba su colega. Estaban fatal y no llegarían ni a los 35 años...

 
Amy Winehouse se ha unido al carro de los músicos desaparecidos a la edad de 27 años. Y parece que haber acabado así de mal la convierte en algo mejor de lo que era viva. Un sinsentido, en mi opinión. ¿Dónde está el glamour en un final así? ¿Dónde está la lógica en tener la suerte de estar sano y destrozarte conscientemente? No, la vida tiene que ser algo más.

lunes, 11 de julio de 2011

Wind of change

Que el verano mola es indiscutible. Siempre estará la que se queja del calor o de los niños gritones de la piscina pero la mayoría de los mortales coincidimos en lo mismo en esta época '¡Qué gusto que sea verano!' Y eso que yo este año no tengo vacaciones a mi antigua usanza sino que las mañanas me las paso de becaria. Y la verdad, tan feliz. Será que llevaba un año concienciada de que este verano es lo que tocaba y lo que quería. Será que he tenido la suerte de estar justo donde quiero. O será que Madrid me gusta a todas horas. ¡Ay, lo que he echado de menos mi ciudad en diversas ocasiones este año! Se me encendía la sangre al oír a los parisinos hablar de su capital como si no existiera nada más sobre la faz de la Tierra. No lo puedo evitar, Madrid me gusta, me encanta. Y eso que ahora no lo puedo disfrutar tanto como querría porque nunca he sabido trasnochar y madrugar al día siguiente como modo de vida. Eso sí, alguna excepción me he permitido. Por primera vez me he dado cuenta de que en verano siguen existiendo las entre-semanas, los findes, y lo que es más sorprendente, ¡los puentes! Normalmente a nadie le gustan los cambios, pero citando a Heráclito (hoy estoy erudita) "nada es permanente excepto el cambio". Así que lo mejor será abrazar las nuevas rutinas con alegría y darlo todo en cada situación.