martes, 27 de septiembre de 2011

Un buen hombre

Me encuentro anonadada después de ver este vídeo. Cuando culpamos a los intereses económicos de cómo va el mundo no sabemos ponerles más cara que la avaricia pura y dura. Pues bien, ¡ya tenemos una cara! 
Aquí el amigo Alessio Rastani, broker independiente, que se queda más ancho que largo después de estas declaraciones:
"Tengo una confesión y es que me voy a la cama cada noche soñando con otra recesión, con otro momento como este."


Tan feliz


Según él, este momento de crisis económica es una ocasión maravillosa para hacer dinero y tiene la desfachatez de afirmar que quiere ayudar a la gente a enseñarles a que hagan lo propio. También menosprecia la política, los planes de salvamento, el euro...
"Este no es el momento para pensar que los gobiernos van a arreglar estas cosas. Los líderes políticos no gobiernan el mundo. Goldman Sachs gobierna el mundo."


Juzguen ustedes mismos:
http://www.youtube.com/watch?v=aC19fEqR5bA&feature=player_embedded#!

lunes, 19 de septiembre de 2011

Ideas ¿disparatadas?

A menudo sueño con que alguien encuentre una solución mágica para el hambre en el mundo, la pobreza, las desigualdades sociales...Que se nos esté escapando algo, y haya un mecanismo que resuelva este desastre. Un profesor -que había trabajado en ONGs de cooperación internacional- me dijo una vez "llevamos 60 años enviando ayuda y no ha habido un cambio real". A pesar de que me animaba a seguir colaborando en todo, se mostraba escéptico y desanimado con el tema.

Como dudo de que ese momento mágico se produzca, creo que lo que hay que cambiar son las mentalidades, esforzarnos por ponernos en el lugar de los que más sufren. Y está fenomenal mandar dinero, hacer voluntariado y complicarse así las rutinas por sacar tiempo para los demás pero creo que también habría que ponerse en su lugar de forma más concreta. Se me ha ocurrido que nos atrevamos a vivir peor unos días dentro de nuestra vida normal. Por ejemplo durante unos días, probar a ducharnos con agua fría, a estar sin lavaplatos, a disponer sólo de nuestros pasos para desplazarnos (ni coche, ni metro, ni bus), a comer arroz blanco sin excepciones, a estar sin móvil aunque sea unas horas al día, a dormir al raso aunque sea en nuestros seguros jardines o terrazas, a limitar nuestros productos de higiene a una pastilla de jabón...

Quizá dentro de nuestra incomodidad podamos sentir algo de lo que es no tenerlo todo, aún sabiendo que lo tenemos. No sé, sólo es una idea...