jueves, 24 de marzo de 2011

Gente

Una de las numerosas cosas que estoy aprendiendo durante el Erasmus es que mis formas de “identificar” y “clasificar” a la gente nueva que iba conociendo son totalmente absurdas e incompletas. Me explico: En Madrid conozco a gente nueva con mucha menos frecuencia que aquí -lógicamente- pero cuando ocurre me suelo hacer una primera impresión basándome en lo que conozco: estudios, dónde los cursan, a qué colegio fueron, si tenemos a Fulanito o Fulanita en común, por dónde salen… Lo que vulgar y acertadamente se denomina lo típico. Sin embargo aquí cada uno es de su padre y de su madre y pretender tener gente en común supone creer muy firmemente en la teoría de los seis grados de separación.

No lo veo

Aquí he conocido a pocos holandeses que vivan en su casa con sus padres. En mi antigua clase había unos cuantos que habían venido de Curaçao o Surinaam por su cuenta y riesgo a estudiar la carrera. También hay gente que viene de países del Este de Europa a estudiar aquí los cuatro años, gente poco mayor que yo que vino aquí por amor desde países como Tanzania, Perú o Singapur… Varias chicas que conozco tienen ascendencia indonesia y me impactó cómo una me contó que había llegado aquí con 8 años y no se sentía ni holandesa aquí ni indonesia allí así que quería acabar viviendo en Canadá. Tal cual.

He podido experimentar el amor que siente la gente a sus respectivos lugares de origen. De hecho, yo misma lo he sentido más que nunca ahora que estoy fuera. Recuerdo hace unos meses cuando un taxista me dijo que no le gustaba esto y que añoraba mucho su patria, Irak. Me sorprendió, lo reconozco. Y luego me sorprendí de mi hipocresía, ¿cómo no va a echar de menos su hogar?

Otra cosa que me ha cambiado la visión de las cosas es cómo la gente no dirige sus estudios y prácticas de la forma que yo tengo en la cabeza. Para mí es sencillo: estudio mi carrera, hago mis prácticas en verano en Madrid y cuando acabe con suerte encontraré algo. Aquí la gente se va modelando los estudios acorde con el plan holandés, haciendo diferentes programas, viendo qué les va interesando… Después tienen que hacer prácticas durante el año y no es que se queden en Holanda, no. Se buscan prácticas en Sudáfrica, en NY o en Curaçao y allí que se van. Con estos ejemplos de gente como yo, me he dado cuenta de cuán verdad es eso de que “ningún lugar está lejos” y lo admito, me ha dado ganas de probarlo a mí también.

He conocido a gente que lleva todo tipo de rollos y me he dado cuenta de que aunque algunos no me gustan, lo que en verdad no aguanto es el doble rasero. Es decir, sé lo que quieras pero selo bien, no vayas de algo que no eres y que ni te crees en realidad.

En definitiva, se acabó el clasificar, las realidades de la gente son demasiado complejas y se me escapan. Lo mejor que puedo hacer es dejarme empapar y con suerte que se me pegue lo bueno. Y punto.


4 comentarios:

  1. ele ahí!!!! que identificado me siento inesito!!! me acuerdo de los del táxista y de toda la gente variopinta que hemos conocido aquí... Otra vez más, enhorabuena por el post!

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  2. Es verdad todo lo que dices, esto te abre puertas, te abre mundo...te abre los ojos. Creer que solo esta Madrid, q 'o eres como yo, o eres un parrrridllo', aceptar a todos y poder congeniar con todos (o con la mayoria, vamos) es complicado, pero es lo que se aprende estando fuera, creando tu propio hogar.

    Va a ser dificil dejar de juzgar y clasificar una vez vuelves a tu mundo, pero efectivamente por que no tomar lo mejor de cada uno, quedarte un poco del Holandes, del Afgano, y de aquella chica de tu clase con la que nunca hubieras hablado y crear de nuevo un mundo? Estes en Ny, Pekin o en un pueblo perdido por el sur de Alemania, nunca estas lejos si no lo quieres estar...

    Congrats de nuevo reina mora

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  3. Con suerte que a los demás se les pegue algo tuyo.

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  4. He de reconocer que soy un suertudo pues se me han pegado ya varias cosas, menos la guapura que no lo consigo!

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