lunes, 19 de noviembre de 2012

Sonríen los dos

A veces el amor es una certeza ante la que sólo puedes rendirte. Crees en ello porque es real y sólo vuestro. Y así no es sólo un amor de momentos, sino un amor de verdades, que es capaz de convertir lo anodino en extraordinario. A veces el amor te deja sin palabras y tienes que cogérselas prestadas a alguien con la pluma más ágil.


Para vivir no quiero 

islas, palacios, torres. 
¡Qué alegría más alta: 
vivir en los pronombres!

Quítate ya los trajes, 

las señas, los retratos; 
yo no te quiero así, 
disfrazado de otro, 
hijo siempre de algo. 
Te quiero puro, libre, 
irreductible: tú. 
Sé que cuando te llame 
entre todas las gentes 
del mundo, 
sólo tú serás tú. 
Y cuando me preguntes 
quién es la que te llama, 
la que te quiere suyo, 
enterraré los nombres, 
los rótulos, la historia. 
Iré rompiendo todo 
lo que encima me echaron 
desde antes de nacer. 
Y vuelto ya al anónimo 
eterno del desnudo, 
de la piedra, del mundo, 
te diré: 


«Yo te quiero, soy yo».



No hay comentarios:

Publicar un comentario