jueves, 26 de mayo de 2011

Lo que he aprendido en el Erasmus vol. II

He aquí la segunda entrada de mis nuevos aprendizajes durante este año erasmusiano. Porque lo de la primera parte fue tan solo una ínfima parte de lo que es y es bueno seguir recogiéndolo todo.

En este año he aprendido…

El valor del dinero

Sin pretender sonar carmenlomanística he de reconocer que antes de irme no conocía lo que cuesta la vida. Y madre mía, lo que cuesta. Siempre hay gastos que no estaban planeados, la comida dura poco, el transporte es caro. Todos los planes y actividades normales ahora los miro con la lupa del cuánto me va a costar. En los viajes hay que medirse especialmente y me he vuelto experta buscadora de vuelos y ofertas. En el súper la marca que no es blanca sino translúcida se ha convertido en mi mejor amiga. Arriba el Euroshopper y todo lo que representa.

Banner sincero y claro

En ocasiones me ha agobiado verdaderamente llegar a fin de mes, y eso que ahora es como un juego por así decirlo. Miedo me da el momento en que me independice de verdad…


Que me encanta ser española

Son innumerables las veces que me han preguntado a lo largo de este año de dónde soy y en todas me ha encantado decir que de España. Y no solo por el pique del Mundial, cuya herida sigue un poco abierta en los corazones holandeses como es natural. El caso es que he visto la imagen negativa que tienen aquí de España: una mezcla de estereotipos de vagos y fiesteros con la crisis económica que sufrimos. Un profesor dijo hace poco refiriéndose a las diferencias culturales al hacer negocios que podía parecer estúpido que los españoles paren dos horas después de comer para echarse la siesta pero que hay que adaptarse a las circunstancias. Por mi cara se retractó diciendo que seguramente no todos lo hicieran…

Sin embargo también tienen una imagen muy positiva del tiempo, de la cocina, de la alegría, de la playa, de que les gusta el acento español y lo rápido que hablamos. Muchos flipan con que sea de Madrid ya que les debe de sonar a mega ciudad al lado de mi querido Utrechtito.

<3

No les culpo por tener una imagen estereotipada, pero de verdad que no me gusta nada que se metan con mi país. Y me da rabia que se nos conozca por la tasa de paro y nos miren con cara de pena y condescendencia a la vez.

Me encanta España, que nunca haga Frío con mayúsculas, que los días sean largos, que nuestros horarios sean tardíos, que comamos mucho y bien, que bebamos alcohol de verdad, que nos tomemos la vida con calma, que podamos ir de terracitas la mitad del año, que las discotecas cierren a las mil y después desayunemos, que la gente en general sea más caliente, más animada y espabilada… Spain mola.

A admirar a madres y empleadas del hogar

Nadie me advirtió lo suficiente sobre lo difícil que es llevar una casa. Yo en Madrid divido mi tiempo según mis obligaciones y mi tiempo libre pero nunca según las tareas del hogar. Y vaya tareas… Todo se ensucia a la velocidad del rayo, la ropa sucia se multiplica, la comida se acaba en un abrir y cerrar de ojos… Este año he descubierto que hay vida más allá de los espaguetis, los filetes a la plancha y la ensalada. Y yo no sé cómo lo hacen las madres pero a mí la comida se me caduca muy pronto. Hemos pasado días comiendo lo mismo porque se iba a poner malo y no hay nada peor que tirar comida.

He comprobado que las cosas no se hacen solas y que nadie las va a hacer por mí. Y es que hay tareas en las que ni reparaba en Madrid: cambiar las sábanas y toallas, fregar el suelo, limpiar el microondas, comprar papel higiénico, matar bichos e incluso ratones, limpiar los baños, descongelar comida… He descubierto que pasar el aspirador y hacer la colada me produce hasta satisfacción.

Tan feliz

Ahora solo espero que todo esto no se me pase cuando vuelva a Madrid definitivamente...



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